Si hablamos de salud masculina, existen muchas condiciones que pueden afectar el sistema urinario y reproductivo. Pero hay una que destaca por su frecuencia, sobre todo a partir de los 40 años: la hiperplasia prostática benigna (HPB), también conocida como agrandamiento de la próstata.
Aunque escuchar la palabra “próstata” genera miedo en muchos hombres, lo cierto es que no siempre está relacionada con cáncer, y puede controlarse con chequeos oportunos y tratamientos modernos.
Sigue leyendo, porque conocer esta enfermedad puede marcar la diferencia entre vivir con molestias o disfrutar de una vida plena y saludable.
¿Qué es la hiperplasia prostática benigna?
La hiperplasia prostática benigna es un crecimiento natural de la próstata que ocurre con la edad.
La próstata es una glándula del tamaño de una nuez, ubicada debajo de la vejiga, cuya función es producir parte del líquido seminal. Con el paso de los años, las células prostáticas tienden a multiplicarse, aumentando el tamaño de la glándula y presionando la uretra (el conducto por donde pasa la orina).
Esto provoca síntomas urinarios molestos, como:
- Dificultad para iniciar la micción.
- Flujo de orina débil o intermitente.
- Sensación de vaciado incompleto.
- Necesidad frecuente de orinar, especialmente por las noches.
- Urgencia urinaria o goteo postmiccional.
Según la Sociedad Internacional de Urología, más del 60 % de los hombres mayores de 50 años presentan algún grado de agrandamiento prostático, y el porcentaje aumenta a 80 % después de los 70 años.
¿Por qué ocurre?
Aunque no existe una causa única, se sabe que el crecimiento prostático está relacionado con factores hormonales y genéticos. Con la edad, disminuyen los niveles de testosterona y aumentan los de dihidrotestosterona (DHT), una hormona que estimula el crecimiento de la glándula.
También influyen:
- Antecedentes familiares de HPB.
- Obesidad o síndrome metabólico.
- Sedentarismo.
- Dietas altas en grasas y azúcares.
La buena noticia es que no se trata de una enfermedad maligna, aunque los síntomas pueden afectar notablemente la calidad de vida si no se tratan.
¿Cómo se diagnostica?
En el consultorio del Dr. José Risco, el diagnóstico se realiza de forma segura y discreta, mediante una evaluación integral que puede incluir:
- Historia clínica y examen físico.
- Ecografía prostática o vesicoprostática, para medir el tamaño de la glándula.
- Análisis de PSA (antígeno prostático específico), para descartar posibles riesgos de cáncer.
- Flujometría urinaria, que mide la fuerza del chorro urinario.
En algunos casos, se complementa con estudios más avanzados como la urodinamia o la cistoscopia, según la necesidad del paciente.
¿Tiene tratamiento?
Sí, y cada vez con mejores resultados. El tratamiento depende de la severidad de los síntomas y del tamaño de la próstata:
- Casos leves: control médico, cambios en la dieta, aumento de actividad física y suplementos naturales con zinc, selenio o extractos prostáticos como Prostatezinc.
- Casos moderados a severos: uso de medicamentos que reducen el tamaño prostático o relajan los músculos urinarios.
- Casos avanzados: procedimientos mínimamente invasivos o cirugías modernas que permiten una recuperación rápida y resultados duraderos.
¿Qué otras enfermedades urológicas son frecuentes?
Aunque la hiperplasia prostática es la más común, también destacan
- Infecciones urinarias (más comunes en mujeres, pero posibles en hombres).
- Cálculos renales o vesicales, causados por acumulación de minerales.
- Disfunción eréctil, asociada a causas vasculares o psicológicas.
- Varicocele, dilatación de venas en el escroto que puede afectar la fertilidad.
- Prostatitis, inflamación aguda o crónica de la próstata.
Por eso, es recomendable realizar chequeos urológicos anuales a partir de los 40 años, incluso si no hay síntomas.